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Diarios de una motocicleta : El dia D III

6 julio, 2009

– Dia 0 –

Aquí me encuentro, solo, bajo la sombra de un árbol, acusado por las miradas furtivas de algún peatón ocasional y esperando que llegue la grua, con un dolor inmenso en el alma, aparte del de las rodillas.

20 minutos, solamente han sido 20 minutos los que pasan cuando aparece la grua, hasta agradezco que el sms me haya mentido.
Me levanto a duras penas, cojo los trastos y cojeando voy hasta el gruista, que ya está mirando la moto, mirando la grua y planeando la situación volviendo a mirar la moto. Los saludos de rigor, cuatro preguntas de formalización y ¿cómo la subimos?
Mal empezamos, por sus torpes movimientos me da la impresión de que es la primera moto que sube a la grua. Para ahorrarnos tiempo y esfuerzo, cojo el mando de la situación.
Venga, baja la rampa y la subimos entre los dos.
Vale, ahora empuja tú de atrás y yo la cojo de alante que la manejo mejor.

Una vez arriba le pongo el caballete, el gruista se queda asegurándola con las cinchas y de un saltito, bajo de la rampa. Cuando toco el suelo me quiero morir, mis rodillas parece que van a estallar.
Me meto en la cabina, me acomodo como puedo y el costado me duele tanto que ni intento ponerme el cinturón, paso.
Sólo faltaba que nos parase algún policia tocapelotas.

Sube el gruista y me pregunta la dirección del taller, no me acuerdo y no quiero buscarla en el móvil, asique le digo que no la recuerdo pero que le voy indicando. En esa rotonda a la derecha, sigue y en la siguiente rotonda a la izquierda, todo recto, cuando lleguemos al final de la calle, a la derecha de nuevo, un poco más alante hay una callecita a la derecha, métete por ahí y ya está, es esa puerta grande, donde hay tantas motos.
Deja la grua en medio de la calle y ahora a la inversa, hay que bajar la moto. Sus miradas ingenuas me dicen que sigo siendo el encargado de los movimientos, asique vuelvo a subir a la rampa, cagándome en todo para mis adentros.
Venga, como antes. Coge tú de atrás, yo de delante y la bajamos despacito.

Una vez la moto sobre el asfalto, pienso en ir al taller a pedirle ayuda a alguno de los mecánicos para moverla, pero mi orgullo no me deja.
Hostia puta, que tampoco estás tan mal.
La coloco en un hueco que hay en la puerta y entro, en recepción me toman nota, me dan una resguardo y les dejo las llaves. Me dicen que me avisarán en cuanto pase el perito, probablemente en un par de días.
Salgo a la calle y el gruista me espera fumándose un cigarro, rellenando el parte de asistencia.
Lo firmo y le pido por favor, que si me puede llevar a casa, me dice que por supuesto que con que le vaya indicando me deja donde quiera.
Joder, quiero salir de aqui ¡ya!

Subimos a la cabina y vuelvo a pasar de ponerme el cinturón.
El mismo camino, pero al contrario, cuando salgas de esta calle, gira a la izquierda, todo recto y bla, bla, bla.
Llegamos a mi barrio, le digo que si quiere dejarme en la parada del autobús que no estorba, me puede dejar, que el semáforo por donde tengo que cruzar está cerca. Pero en un gesto de amabilidad, decide dejarme en el semáforo, sin contar con los coches que han tenido que parar detrás suya.
Despacio, voy bajando y nos despedimos, antes de cerrar la puerta oigo que me desea suerte y que no sea nada, le hago un gesto con la mano para que sepa que le he oido.
Mientras veo como se aleja, se pone verde, cruzo y el cartel luminoso de la farmacia me recuerda que tengo que comprar betadine en gel, si esque realmente existe.

Salgo a la calle, con el betadine en una bolsita, voy para el portal y en uno de los bancos del paseo hay dos chicas y un chaval, haciéndo el bobo, con la música del móvil al máximo. Esto va a ser eso que llaman la edad del pavo, seguro.
Cuando paso por su lado se me quedan mirando un instante y vuelven a lo suyo. Caigo en que debo llevar unas pintas cojonudas.
Seguro que parezco un mendigo.

Llego al portal, abro, entro, espero al ascensor y todo esto convertido en una de esas veces que no quieres cruzarte con ningún vecino para que te vea en tan lamentables condiciones. No me apetece poner buena cara. No me apetece contestar preguntas morbosas.
Entro en mi casa, cierro la puerta tras de mí y no puedo más que suspirar y alegrarme infinitamente de haber llegado.

Venga coño, que ya estás en casa..

… to be continued …

En capítulos anteriores :
01 – El comienzo
02 – El dia D
03 – El dia D II

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Diarios de una motocicleta : El dia D

12 junio, 2009

– Dia 0 –

El reloj de pared marca las 18:50, de puta madre, sólo faltan 10 minutos para salir. Aprovecho para ir a mear y al volver me pongo a recoger para hacer tiempo porque el dia ha llegado a su fin.
Pasan ya dos minutos de las 7, me despido de los compis, me pongo la cazadora, ficho y salgo por la puerta como si llevase prisa.

Entro al garaje, me subo en la moto, me pongo el casco, meto la llave, giro y arranco. Broooooom, que sonido, diooosss!!!
Primera, voy despacito hasta la puerta y le tengo que dar varias veces al mando hasta que se abre, ¿porqué coño no le he cambiado la pila todavía? si, el mismo pensamiento de todos los dias.
Subo la rampa, cruzo la acera mirando que no venga nadie, paro y el ritual de costumbre, me coloco la chaqueta, me guardo el mando, me ajusto la mochila y compruebo que todos los bolsillos estén cerrados. Primera y salgo.

En el semáforo paro detrás de un coche, esperamos hasta que se pone verde, el coche gira a la izquierda, yo a la derecha, llego a la calle principal, hago la rotonda y todo recto.
Tengo que ir despacio porque a esta hora hay bastante circulación y solamente dos carriles. Al final de la calle cojo el desvio que baja a la autopista y cuando pasa el que viene por el carril derecho, me incorporo.
Tras unos kilómetros sin sobresaltos, llega mi desvío, abandono la autopista, reduzco y entro en la urbe. Paro en el semáforo de la entrada, en el de enfrente de la gasolinera, miro al indicador para ver cuanta gasolina me queda y aunque todavía tengo para mañana, prefiero echarle y me despreocupo para el fin de semana. Cuando se abre el semaforo, entro en la gasolinera, me coloco en el surtidor y lleno el depósito, 13,50€.
Me guardo la cartera, compruebo nuevamente que los bolsillos estén cerrados, me pongo el casco, los guantes, subo en la moto y voy hasta la salida de la gasolinera, tengo que parar porque vienen coches y cuando pasa el último salgo detrás suyo.

Voy llegando al cruce, miro a los semáforos que lo regulan y estan en ámbar, ¿porqué coño ponen los semáforos en ámbar? pero antes de poder autocontestarme y empezar a sacar conclusiones, de la calle de mi izquierda sale un coche a toda hostia para incorporarse a la vía por donde yo voy.
¡La puta, que me lo como!, a la vez que le pito, mi pie y mi mano se lanzan a sus respectivos frenos. El conductor se percata de la situación, empieza a frenar, yo también, veo como mi rueda delantera patina y la moto irremediablemente se inclina, ¡joder no!.
Me caigo, nos caemos y mientras doy un par de vueltas sobre mí mismo, oigo como crujen el carenado y las partes metálicas de la moto arrastrándose por el asfalto.
Rápidamente me pongo en pie, me subo a la acera y veo que el coche que me ha hecho caer está parado, el conductor me mira con cara de incrédulo. Mete primera y empieza a cruzar la calle despacio.
Será hijoputa ¿encima se va? memoriza la matrícula, memoriza la matrícula, memorízala!
Mientras intento dominarme y aclarar la enorme cantidad de números y letras que veo, me doy cuenta que el coche se mete en una plaza de aparcamiento vacía, joder, joder.

Empieza a venir gente y caigo en el detalle de que las rodillas me duelen, miro hacia abajo y veo que tengo dos rotos en el pantalón que antes no tenía, uno a la altura de cada rodilla. Ando sin sentido cagándome en la puta, intentando ordenar la lluvia de pensamientos que invaden mi cabeza. De repente me veo rodeado de personas, contestando si, si a las preguntas que me hacen de si estoy bien.
Alguien sugiere que apartemos la moto de la carretera y en ese momento miro hacia atrás y veo formada una caravana de tres pares de cojones, me parece oir pitar a algunos de los que están parados, panda de hijosdeputa.

Nos acercamos a la moto, la levantamos, la empujamos hasta la acera, la subimos y le pongo el caballete. Aunque mucho me duela lo duro que pueda resultar, la miro y el lateral sobre el que se ha deslizado está bastante jodido, todo el carenado raspado, falta algún trozo, hay algunas partes dobladas y los intermitentes y el retrovisor han desaparecido.

Intento arrancarla y no arranca, eso me preocupa. Me consuela ver que está de una pieza, o al menos eso parece.
Qué suerte que hemos tenido de no haber chocado.

… to be continued …

En capítulos anteriores :
01 – El comienzo